domingo, junio 26, 2016

Escondidos...

"No preguntes, no contestes...Duérmete".

Anoche debí contar cada una de las vueltas que di sobre la cama, pero tampoco tenía ganas. Como tampoco quise leer cuando lo intenté, o escribirte cuando de por sí, me habías pedido que no lo hiciera.

Es junio, hubo lluvia, debería haber tenido sueño. Dormitaba pero llegaron tus palabras y Vadim Kiselev; estabas detrás mío, abrazándome, mismo espacio, misma noche, y nuestras manos.

Pasaba la media noche y el insomnio comenzó (otra vez). La única ventaja de no poder dormir entre las 12:30 y las 6 am, es que de algún modo estás; tú, aquí.

Ven. Siempre he querido abrazarte en un espacio reducido y parece que, bajo la cama, estaremos bien.

PD: Sigo sin encontrarle explicación a eso de que mi teléfono comenzara a reproducir esta canción mientras dormía(mos).








lunes, diciembre 21, 2015

Llena de sombras

Entre los delirios y las emociones encontradas te soñé; no es que te viera, estás implícito.

La miraba a ella en el muelle, lista para tirarse al mar. Yo esperaba su no retorno y maquilaba dos o tres formas de quitarle la vida, mientras tu madre se paseaba tras de mi. Ella, tu madre, me miró con desaprobación.

Tu mar fue lo primero que miré al despertar. Fue entonces cuando me vino el sabor amargo en la boca y la extraña sensación después de haber deseado la muerte a alguien.

Dicen que la sonrisa es nuestro mecanismo de defensa para ahuyentar a nuestro yo asesino; es una lástima que no lo haga tan seguido...

Foto: Graciela Iturbide





domingo, octubre 11, 2015

Dormir soñando...

Hay sueños que se hacen realidad.


No sé si lo escribí, no lo recuerdo, y de haberlo hecho, seguro lo encuentro en los archivos.

El hecho es que hace 12 meses y contando que miré a la flor, a mi madre y a la llama; tan cálidas las tres, tan líquido todo.

Hacía sol y nosotras lavábamos tu ropa; mientras la tendía al sol una llama apareció. Mi madre lloraba alegre, abrazando a la flor para gritarle:

- ¡Ahí está! ¡Míralo que es él!

Desperté porque comenzó a llover y todo era agua por doquier.

Tus camisas escurrían, mi madre lloraba, la tierra se hizo lodo; la flor, la flor sólo miraba, quieta y confundida.

Dos meses después, regresaste en forma de colibrí mientras miraba tus 20 flores; no supe si fue el adiós, o un hasta pronto. Pudo haber sido un hola, pero el luto, la inmadurez mental, y los afanes humanos de mirar más allá de la lógica, no me permiten descifrarlo aún.

En fin. Yo estaba despierta, hace dos meses. Mi madre y la flor ahí, lavando tu ropa; yo la tendía al sol.

La mejor parte es que no hubo lluvia, no hubo llama. Todo era calor, verde y viento. Todo fue un sueño.



jueves, agosto 20, 2015

¿A dónde te vas, paloma?



Y sin embargo, a veces, todavía,
así de pronto, cuando te estoy viendo,
vuelvo a verte como antes, y me enciendo
del mismo modo inútil que solía.

                                                    Y sin embargo, a veces, todavía|Tomás Segovia






lunes, junio 29, 2015

Rota...


Ella te miró hace dos noches.

Había tempestad; llevabas una sombrilla y caminabas entre lodo y agua, sabe Dios a dónde.

Hace dos noches, Miguel, que se nos apretujó algo dentro del pecho; porque no aceptamos que la sombrilla estaba allá, lejos del pueblo, entre los palos de mango, toda maltrecha.

Ella me habló y me dijo que no había "luz": "y tiene que regresar, debe, porque en la noche hay velorio".

- ¿De quién?.

Lloró, respiró hondo, dijo tu nombre.

Hallado como mi abuelo, en el campo.

Hallado entre la incertidumbre y el envenenamiento; entre el dolor y los prejuicios.

Allá, en las fincas, con el rastro de un último mensaje de texto, Miguel, indescifrable.

"Si me tiembla la voz al pronunciar tu nombre, todavía", canta Perales, "o esbozo sin querer una sonrisa al recordarte", pero no puedo reír, no puedo y me niego, porque hay muertes, Miguel, que te hacen pensar en todo lo que debería estar haciendo, por otros, por ti.

Ojalá fueran las vidas, no las ausencias.

Ojalá no hubieras sido tú.

Vete con la paz que el mundo te robó, y que el camino sea bueno.

"Si tú volvieras, te vestiría de oro, mi Santo"







jueves, enero 01, 2015

No hay nostalgia peor...

Como cuando tienes ganas de llorar y no puedes.

Es el primer día del año; "¿por qué siempre llueve cuando me levanto?".

Hace tanto que no escribo, que no leo, que no hago; hace tanto.

Anoche te soñé y recordé tres cosas:

Te amo (¿así se dice?)

Estás lejos

Tu corazón latiendo

Anoche te soñé y recordé cómo se siente tener ganas.

Así, como cuando te vienen las putas ganas de llorar, y no puedes.






domingo, septiembre 07, 2014

Abuelito...

Dirijo la mirada hacia los montes:
¿de dónde me llegará ayuda?
Mi socorro me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
Sal. 121:1-2


Hace exactamente nueve días que dejamos de estar juntos, y no me acostumbro. Te dejé por la tarde y en la noche quise ofrecerte un pan.
Después, llegué a casa y me topé con la chamarra que te abrazaba en el fresco de la ciudad; la tomé y te lloré, más amargo aún que la mañana del 25 de noviembre.
Es difícil, abuelito, acostumbrar la mente a no imaginar que nos veremos el próximo sábado, que mañana podrías venir por medicinas, que escaparás a comprar tu cereal o tus gustos dulces, que te hablaré de una página en internet de la que pienso sacar danzones de Lara para llevártelos en un cd.
Es difícil porque te amo, y porque como muchas cosas que la vida me va arrebatando, en enero pasado tomó confianza y comenzó nuevas prácticas: le ha dado por arrancar pedazos de alma; primero me arrancó a tía Carmen, y desde el 29 de agosto, a ti.
Se llevó a don Humberto, el que por testimonio de la gente, fue compatriota y buen ciudadano; Humberto Lagunes Lagunes (sí, dos veces Lagunes) el mismo de la zurda formidable en el béisbol, el que en juventud acompañara a su compadre Pablo Pérez a llevar versos, el que enamoró a Susana Villa y le regaló 53 años de vida acompañados de cuatro hijas, dos hijos, dos nietas, seis nietos, amor incondicional, alegrías, compañía, paciencia, lucha y lealtad. 
El mismo Humberto Lagunes que se estrenó conmigo como abuelo, un tres de febrero de 1988; el abuelo que fue sólo mío por casi 4 años, y que llegados los nietos consecutivos,  nos dejó jugar en su casa y en su hamaca...el abuelo que, por sobre todas las cosas, amó.
La última vez que nos vimos, era muy de mañana y me iba a mi trabajo temporal; te dije: me despido de una vez porque no creo que te vuelva a ver. Yo sólo hablaba de ese día, no de la vida.
Quisiera, abuelito, volver a tener cinco años para quedarme dormida en los sillones de tu casa, porque sé que me llevarás cargando a la cama como si tuviéramos 20 años menos; abrir un ojo darme cuenta de que eres tú, y hacer que sigo en sueño profundo para que no me sueltes; o mecerme contigo para que me cuentes del conejito culito quema'o.
No me dio tiempo, abuelito, de decirte que tengo ya trabajo y que ahora podré tener dinero para comprarte música.
Tampoco me alcanzaron los días para preguntarte qué opinabas de El Llano en llamas, el libro que te di hace dos meses.
Por suerte tuve tiempo de ser cómplice en el cumplimiento de un par de sueños tuyos: tomarte un café en La Parroquia, y mirar los tapetes de aserrín en Xico, ojalá nos hubiera alcanzado la vida para seguir soñando.
Pero me quedan tus risas, tu nobleza, tu buena figura de ojos azules, en una piel quemada por el sol y el trabajo en la tierra; tu amor leal, tu buen genio, próximamente tus árboles de guanábana, tus flores de cempoalxóchitl, y probablemente hasta tu jamaica.
Ya no te escucharé decir, abuelito, cada Todos Santos cuando llegue a tu casa: "ya vino Adrianita a componer el altar"; ahora me toca hacerte el mejor.
Pero ten la certeza de que tú y yo, abuelito, no sé cuando ni a qué hora, nos volveremos a abrazar.

Te amo.


PD. Hace casi diez años, te dejamos solo en casa. Lo recuerdo porque estábamos en alguna fiesta, regresé para ir al baño, y lo primero que escuché fue Nereidas a todo volumen. Subí las escaleras, y te vi bailando, a escondidas. Desde entonces, quise aprender a bailar danzón, y llevarte a los bailes del Viejo, para que dejaras de ver a La Danzonera La Playa desde afuera. No tuve el valor y no me alcanzó el tiempo.

domingo, junio 29, 2014

No dejes de escribirme...

No pierdo la linda costumbre de extrañarte los domingos, porque solía pensar que eran sólo nuestros.

Me gusta pensar que todavía, a pesar de la ausencia, disfrutas la luz,  y te juegan la sangre endorfinas vistas en caleidoscopios.

Hoy te ví. Sonreí. Me arrepentía, hasta que recordé que tú mismo me mandaste al carajo.

Aún así, te quiero (mío/tuyo).


PD: ...porque me haces falta.





domingo, mayo 04, 2014

Lo veo cruzar...



Aquí su retrato ¿hablado?, o debo decir ¿cantado?. Es él, así como una noche se atrevió a mis sueños llegar y susurrar: eres tú.


[A tí, allá, al sur del sur. Gracias.]

jueves, marzo 27, 2014

Huitzilin...





Desde ahora, a sus once días de vida: no perdonamos, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar, ¡pierden el tiempo quienes pretendan seducirnos!. (Parafraseando a Girondo)




Y no defiendo al canto,
sino a la pajarilla
de papel que hace un trino
mañana un desatino,
más nunca de rodillas.

*Alfredo Zitarrosa/Carlos Porcel